"Hay una parte del TDAH que nadie ve. Ni
siquiera yo.
No es ruido. Es ausencia.
Una desconexión suave pero constante.
Me deslizo hacia adentro sin darme cuenta.
Pasan las palabras, los rostros, las tareas.
Todo lo importante se me escurre como
arena entre los dedos.
No es que no quiera estar, es que a veces me
pierdo.
Y en ese perderme solo hay vacío.
Como mirar un paisaje sin agua y no
recordar cómo era el verde.
Como mirar un paisaje sin agua y no
recordar cómo era el verde.
Como olvidarse de sí, sin que duela,
hasta que alguien te pregunta:
"¿En qué estabas pensando?"
Y no sabes.
Porque no estabas.
Hay algo de bello en esa aridez, también.
Algo que guarda espacio.
Que no se rinde.
Que espera."
Hay una parte del TDAH que nadie ve. Ni siquiera yo. No es ruido. Es ausencia.
Un terreno donde los proyectos se desvanecen antes de tomar forma, donde el tiempo y el esfuerzo no encuentran suelo firme. Arena movediza. Silencio seco.
Las imágenes de la cantera nacen de ese lugar — de la desolación y la dispersión, pero también de la búsqueda. Porque en ese paisaje árido, la creatividad es el único mapa posible.
La parte árida explora la dualidad entre fragilidad y fortaleza, entre el límite difuso y la voluntad de seguir. Una exploración visual de lo que no se ve pero se vive.